Por Eduard Moliné, jefe de grupo Operación, mantenimiento y biometano, e Ignacio Palacios, jefe de producción Agua.
¿Y si de las aguas residuales pudiéramos fabricar fertilizante? Eso es lo que estamos investigando en un proyecto piloto en la EDAR de La Reguera (Madrid) para Canal de Isabel II, donde hemos puesto en marcha la primera planta a escala real en España capaz de recuperar nitrógeno del agua y transformarlo en fertilizante.
De problema medioambiental a recurso
Las depuradoras (EDAR) reciben cada día el agua usada de nuestras ciudades para devolverla tratada al medio ambiente. Uno de los elementos que contienen estas aguas, y que se debe controlar, es el nitrógeno: en exceso, este gas contamina ríos y ecosistemas acuáticos, favoreciendo fenómenos como la proliferación de algas.
Las normativas europeas son cada vez más estrictas con los límites de nitrógeno que deben contener las aguas tratadas, lo que obliga a mejorar los procesos de depuración. Y, al mismo tiempo, el mundo necesita cada vez más fertilizantes para mejorar la producción de alimentos. Dos necesidades que, a primera vista, parecen no tener relación… pero que este proyecto conecta para convertir un problema ambiental en un recurso de valor.
La idea: cerrar el círculo
El proyecto busca recuperar el nitrógeno durante la llamada fase de los “escurridos”, es decir, cuando dentro de la depuradora se separa el agua residual de los lodos, durante el proceso de deshidratación. Este nitrógeno se convertirá en sulfato de amonio, un fertilizante muy utilizado en la agricultura. Al mismo tiempo, esta recuperación del material permite ahorrar energía y reducir el uso de los reactivos químicos habituales del proceso de tratamiento del agua.
¿Cómo funciona el proceso?
El proyecto piloto es capaz de tratar 15 m³ de agua por hora. El agua que entra a depurar presenta una concentración de 650 mg/l de amonio y de 850 mg/l de nitrógeno, y se somete a un proceso que se desarrolla en varias etapas:
- Bombeo: se capta el líquido que sueltan las centrífugas al interior de una depurada, durante la deshidratación de los lodos.
- Pretratamiento: este líquido se filtra para eliminar cualquier resto sólido.
- Stripping: el amonio (NH₄⁺) que está disuelto en este líquido acuoso se convierte en amoniaco (NH₃) y se separa, pasando al aire en forma de gas.
- Scrubber: ese aire cargado de amoniaco pasa por una columna donde una solución ácida lo atrapa de nuevo, devolviéndolo al estado líquido.
- Resultado: un concentrado de sulfato de amonio líquido, listo para su uso como fertilizante.
Mirando al futuro
Este sistema aprovecha el nitrógeno en lugar de perderlo. Normalmente, este elemento químico acaba convertido en un gas que se libera a la atmósfera sin ningún uso. Todo ello sin generar residuos y con una instalación fácil de implantar.
La prueba piloto arrancó en noviembre de 2025 y actualmente seguimos en fase de pruebas. Los primeros resultados son esperanzadores, aunque todavía queda camino por recorrer para validar la tecnología a escala real.
Se trata de una gran oportunidad de mejora en la eficiencia en las depuradoras, que aporta a su vez a la economía circular.
Desde Sorigué, seguimos apostando por este tipo de proyectos que convierten los retos ambientales en soluciones reales, con impacto directo en la circularidad del sector del agua.