A bordo de la Paulina: una jornada con el equipo de buzos de Sorigué

 I. La salida

Son las 7:45 de la mañana en el Puerto Olímpico de Barcelona. La oscuridad de la noche se desvanece, y entre sus sombras empiezan a perfilarse los mástiles y velas de los barcos. La actividad en este emblemático puerto aún parece dormida. La luna, en su fase menguante, se recorta con nitidez sobre un cielo que poco a poco se tiñe de azul, dejando atrás los últimos reflejos anaranjados del amanecer. 

La escena podría parecer de postal, pero en uno de los extremos del puerto la quietud se rompe. Desde hace más de una hora, el equipo de Actividades subacuáticas de Sorigué trabaja sin descanso. Entre cuerdas y miradas concentradas, preparan una de sus herramientas más valiosa: la Paulina. De un azul cian inconfundible, la embarcación lleva casi 40 años siendo el alma del equipo 

La jornada en el mar siempre comienza temprano. Cuanto antes se zarpa, más tranquila suele estar el agua. Hoy, cinco buzos, junto al capitán, se embarcan en la Paulina. Como cada mañana, antes de salir, se reúnen en la cubierta. En esta ocasión, dos integrantes del equipo de Comunicación de Sorigué les acompañan para vivir desde dentro cómo es una operación subacuática.

En esta primera reunión repasan la jornada: distribuyen los turnos de agua y comentan las maniobras. Con el plan claro, llega el momento de preparar la embarcación y revisar los equipos de buceo. Bajo el agua no hay margen para la improvisación. 

El capitán da las últimas instrucciones, los buzos se dispersan y las amarras se sueltan con un leve crujido. La Paulina enciende sus motores y abandona el puerto rumbo al punto de trabajo. Todo está listo para que comience una nueva jornada en el mar.  

II. La actuación 

Es un día soleado de enero, el viento sopla tranquilo y la mar está en calma. Tras muchas semanas de lluvia intensas, que habían llegado a paralizar la actividad de la embarcación casi por completo, el cielo ha querido dar una pequeña tregua a la ciudad. 

Los buceadores tienen claro que lo suyo es un trabajo vocacional. Hay días en los que el frío cala hasta los huesos y otros, en los que el calor quema la piel. El esfuerzo físico va más allá de cargar pesos o enfrentarse al oleaje. Cada inmersión deja rastro en el cuerpo, y el cansancio se acumula despacio, también en el alma. No son las condiciones lo que los retiene, es algo más profundo. 

Hoy, por suerte, todo parece alinearse para que los buzos puedan retomar la instalación de la torre de captación de agua marina de lo que será una central subterránea para la distribución de calor y frío en la ciudad de Barcelona. Durante la jornada se realizarán maniobras clave para dar un paso más en el montaje de esta infraestructura. 

El equipo de Actividades subacuáticas, parte del área de Agua de Sorigué, existe desde el año 1985.  Son expertos en moverse donde pocos pueden: construyen y mantienen emisarios e inmisarios submarinos, montan y reparan equipos mecánicos bajo el agua, y han dejado su huella en otras ubicaciones clave como Madrid, Islas Baleares, Murcia, Mataró, Tarragona y Alicante. 

Desde la Paulina, actúan en el medio marino y subacuático, pero más allá del mar, también trabajan en presas, embalses y hasta en centrales nucleares. 

Tras unos minutos de navegación, la embarcación se detiene. La Paulina ha llegado al punto exacto donde se realizará el operativo.  El mar permanece casi inmóvil, despertando lentamente junto con la ciudad. 

La Playa del Bogatell se extiende justo enfrente como una franja de arena pálida, salpicada puntualmente por figuras diminutas que caminan o se detienen un instante. Detrás, se alza Barcelona. A la izquierda, el Hotel Vela y las Torres Mapfre; a la derecha, la torre Agbar; y en el centro, la Sagrada Familia, con el Tibidabo coronando al fondo. Sobre la densa trama urbana descansa un cielo claro y amplio, que parece contener el silencio de la actuación que se desarrolla a bordo de la Paulina. 

III. La inmersión 

El aire de la cabina huele a sal y a concentración. La respiración entrecortada y metálica del buzo que llega desde las profundidades del mar domina la escena. El capitán mantiene una tensión serena. Vigila, calcula, escucha. Debajo de la superficie, el buzo se mueve entre corrientes y sombras. 

  • Capitán: ¿Cómo vas? 
  • Buzo (desde el agua): Estoy terminando de colocar la tuerca.  
  • Capitán: Recibido. Mantén la posición y asegura la pieza.  
  • Buzo: Repite. 
  • Capitán: Tranquilo. Mantén la posición y asegura la pieza.  
  • Buzo: Recibido. Mueve la grúa un metro, dirección Barcelona. 

Desde el puesto de mando el capitán coordina al equipo y mantiene contacto con el buzo que está bajo el agua. Lo sigue en tiempo real a través de una pantalla que muestra, si la visibilidad lo permite, cada gesto y maniobra.  

El equipo de Sorigué está formado por un total de once buzos muy especializados. Están acostumbrados a enfrentarse a fuertes corrientes, condiciones meteorológicas adversas, la presión del agua y una visibilidad limitada. Su trabajo exige precisión, mente fría, experiencia. Porque es vital para mantener vivo el ciclo integral del agua y cuidar de este recurso tan valioso. 

En cada operación a bordo de la Paulina trabajan, al menos, seis personas. Siempre hay dos patrones, y todos combinan la experiencia de buceador y marinero. Además, dominan la administración de oxígeno y el soporte vital básico. En caso de accidente, la vida de un compañero puede depender de ello y todos deben estar preparados. 

Mantener la calma durante todo el operativo es vital. Tienen que estar muy alertas. En la cubierta cada movimiento exige atención absoluta. Las herramientas pesan, la grúa se mueve, hay cabos que se cruzan y pesos que podrían caer en algún momento. 

Bajo el agua los riesgos cambian. La visibilidad es limitada, tienen que moverse despacio, ubicar bien las piezas, seguir al pie de la letra las tablas de buceo y respetar las compresiones para evitar accidentes. 

IV. La Paulina 

El sol ha alcanzado su punto más alto y cae con fuerza sobre la Paulina. Bajo esa luz limpia del mediodía, su color azul cian brilla todavía con más fuerza, recortándose sobre el vaivén pausado de las olas.  

Sin embargo, la Paulina no siempre fue como la vemos hoy. Llegó desde Alicante en 1988. Por aquel entonces no era más que el casco de un barco. En Barcelona se acabaría de convertir en la pieza que completa al equipo. Con paciencia y cariño se alargó, reforzó, tomó forma y adquirió personalidad. ¿Su nombre? Tampoco es fruto del azar. Rinde homenaje a la mujer de uno de los antiguos responsables del equipo. Pero esa es otra historia. 

Mientras los buceadores descienden y el trabajo continúa bajo el mar. Arriba la Paulina permanece firme, sosteniendo desde la superficie todo lo que ocurre en las profundidades. Ella es el centro de toda la operación. Por eso la cuidan con una atención casi afectuosa. Saben que es una integrante más del equipo, el corazón que mantiene todo en marcha. 

Su tamaño es su fortaleza. No es demasiado grande ni demasiado pequeña, por eso puede moverse fácilmente y entrar en casi cualquier puerto. Gracias a su sistema de fondeo, se desplaza con precisión alrededor de un punto fijo, manteniéndose siempre justo encima del buzo para ofrecerle apoyo constante. Su casco incorpora un sistema de dragado capaz de operar en cualquier profundidad, mientras que tecnologías como un GPS 3D le permiten posicionarse con exactitud milimétrica sobre los puntos marcados. 

Su interior está pensando para resguardar a los buzos del viento, del agua y de la meteorología cambiante del mar. El espacio es sencillo, pero práctico, con comodidades básicas: un pequeño aseo con ducha, una cocina modesta y lugares donde secar los trajes. 

Cada detalle habla de la vida a bordo. El radiador encendido para combatir el frío, la cafetera que nunca parece apagarse del todo, los restos de comida para callar el estómago… Y en una de las ventanas del puente de mando, la pequeña escultura de una virgen que mira hacia el mar, velando constantemente por el equipo. 

V. El equipo 

Dentro y fuera del agua, el equipo trabaja con una complicidad muda. El silencio solo se rompe cuando la brisa roza la cubierta o cuando un buzo se deja caer al mar. Las palabras entre ellos son pocas. Hablan los gestos breves de cariño, las miradas que confirman que todo está bien, las manos ágiles del compañero que ayuda a otro a ponerse el traje.  

Pequeñas muestras que revelan una confianza que se ha construido con los años y que, en el mar, más que un equipo, son una familia. La confianza entre ellos es absoluta. Esa intensidad es lo que hace que su trabajo sea único, algo que no cambiarían por nada del mundo. 

A bordo de La Paulina, Laurent Breuls, capitán y encargado de Actividades Subacuáticas, dirige al grupo de buceadores: Gabriel Castiñeira, Ramón Torrent, Raúl Rodrigo, Carlos Hernández, Ignacio Quesada, David Romero, José María García, Alejandro Muñoz, Pol Llavall y Roger Graells. En tierra firme, Alba Vates, jefa de grupo, coordina al equipo junto a los jefes de obra, Daniel Estrada y Guillem Larred, y al auxiliar, Ignasi Solé, asegurándose de que todo salga a la perfección. 

Algunos heredaron este oficio por tradición familiar. Otros se enamoraron del buceo deportivo, de la libertad infinita del horizonte, la luz del amanecer que se filtra entre las olas y del viento que despeina los sentidos. Pero todos comparten el mismo sentimiento: lo que los mantiene y hace regresar no es solo el mar. Son los compañeros, el equipo que con los años se ha transformado en familia. 

Cuando el trabajo termina y los buceadores regresan a cubierta, la Paulina gira suavemente sobre el agua y pone rumbo al puerto. El motor vuelve a latir con un ritmo pausado mientras el horizonte se aleja y el día va quedando atrás. El equipo recoge el material y comenta la jornada con la familiaridad de quienes comparten oficio y mar desde hace años.  

El día se cierra como comenzó: con la Paulina guiando el camino de vuelta, testigo de un trabajo hecho con paciencia, de un oleaje que marca el ritmo y de un equipo que, entre silencios cómplices, vivencias compartidas y pequeñas victorias, ha ido tejiendo un vínculo tan profundo como el océano que los rodea. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Comparte

Suscríbete a nuestra newsletter

Recibe todas nuestras noticias y novedades al momento